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El brillante
ganador del concurso OSSO
2007 ha sido Ricardo Grasa; pincha en la foto para
descargártela.
Debajo nos
explica la historia de esta foto...
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El
ansia de experiencias extremas ha facilitado últimamente
la aparición de una serie empresas que organizan ‘tours’
por países cercanos al polo norte con el reclamo del
frío, el hielo, la nieve y la montaña. Una de
ellas es Tierras Polares, creada por Ramón
Larramendi, colaborador del programa de TVE "Al
filo de lo imposible" y una eminencia mundial en travesías
árticas. Fue este currículum el que decantó
al aragonés Ricardo Grasa Bermudo,
del Club de Montaña San Lino, a iniciarse en el esquí
de travesía sobre los helados desiertos de Escandinavia. |
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Así,
en el lejano Golfo de Botnia,
en Finlandia, y siempre sobre el mar helado, Ricardo se encajó
los esquís, se ató las cuerdas de la pulca -especie
de trineo de transporte del material- y, junto a otras siete
personas llegadas de Canarias, Murcia o La Rioja, se lanzó
hacia el horizonte inabarcable. “Se trata de ser completamente
autónomo, aunque no te exije demasiado físicamente,
porque las jornadas eran de unas seis horas. La principal
meta es vivir la experiencia”. |
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La ruta, dividida en seis
etapas, llevaba desde la localidad lapona de Oulu,
500 kilómetros al norte de Helsinki, hasta Kemi,
por parajes inhóspitos, vacíos de fauna y
flora, salpicados por pequeños islotes. Para realizarla
“sólo es necesario tener cierta experiencia
en montaña y preparación física”.
El resto se aprende allí: “Por ejemplo, a orientarte
con la dirección del viento, pues sopla de Sur a
Norte; o por la erosión de los penitentes. O la técnica
para clavar en el hielo las piquetas de la tienda”.
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Aparte
de la pulca y los esquís, el material necesario comprende
botas polares, manoplas y sobremanoplas, cuerdas estáticas,
un arnés con tirantes, dos mosquetones para transportar
el trineo, dos sacos (uno potente y otro de verano, para que
se forme una capa de hielo entre ellos y se permanezca seco),
material de primeros auxilios y un teléfono vía
satélite, ya que "atraviesas grietas
de hielo, banquisas y crestas
de compresión: esto último es quizás
lo más complicado”.
El frío extremo tampoco
supuso un inconveniente. “Teníamos el aviso de
abandonar la zona si la temperatura alcanzaba -35ºC,
pero en realidad nos hizo bastante ‘calor’: de
cinco a diez bajo cero”. Se esquía sobre agua
helada, pero el grosor de la capa, de unos 75
centímetros, es suficiente para acampar. |
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Si
algo recuerda Ricardo con emoción son los amaneceres
en días soleados -“cualquier foto sale bonita”,
asegura-. También, la relación con el resto
del grupo, pues la travesía “exige mucho compañerismo.
Todos tenemos que cocinar, montar la tienda, derretir hielo...”.
Y el contacto con hospitalarios pescadores
locales: “aunque no son como los pintan las películas:
van en motos de nieve y hacen los agujeros con motosierra.
Pescan con redes y utilizan curiosos métodos autóctonos”. |
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Y
así, casi antes de llegar a darse cuenta, Ricardo se
encontró de nuevo en Zaragoza.
El objetivo de adentrarse en el mundo de las travesás
árticas estaba cumplido. |
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Luis
Faci |
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